A la hora de clasificar los cómics podemos atenernos a múltiples criterios: por géneros (western, superhéroes, ciencia ficción...); dependiendo del público al que van dirigidos (infantil, juvenil, adulto), o cualquier otro siempre que se haya realizado desde el conocimiento, la investigación y el estudio de sus características.
En nuestro segundo especial vamos a prestar especial atención a un criterio que es el mayoritariamente aplicado en las bibliotecas españolas. Sin embargo lo curioso es que sólo podemos utilizar esta clasificación, mayoritariamente aceptada, si pudieramos acceder a sus estanterías. Incomprensiblemente es una información que no nos sirve a la hora de buscar en sus catálogos disponibles en internet, ya que simplemente no se tiene en cuenta en el proceso de catalogación: la línea, escuela o tendencia de ese cómic de acuerdo con unos parámetros que intentaremos definir para poder comprender mejor la naturaleza del medio.
Nuestro objetivo es ofrecer a los catalogadores una visión global de la situación en cuanto a publicación de cómics en nuestro país se refiere, para que puedan hacerse una idea de lo que ocurre en nuestro mercado editorial. Hay que entender este nuevo especial como un pequeño manual, una guía de trabajo, para que sepan reconocer a qué escuela o línea pertenece el cómic que tiene entre manos para así poder clasificarlo de la mejor forma posible. Y no sólo eso, pretendemos establecer una pequeña solución para que el bibliotecario sepa cómo integrar esa información en la catalogación, sin que ello suponga una razón para ruborizarse. Buscamos en definitiva una estructura de datos aplicable al formato Marc en donde utilizar una serie de campos de la forma más lógica posible dependiendo del tipo de información que acogerán y sobre todo, poniendo el acento en la recuperación de información. Somos conscientes de que las propuestas que presentamos probablemente no sea aceptadas por la comunidad bibliotecaria, cegada por sus propias normas, que busca en las catalogaciones únicamente un medio para el intercambio entre centros (con todo lo que ello conlleva) más que un medio para una recuperación de información real.
De todas formas hay que decir que no es fácil establecer un criterio 100% fiable para identificar a primera vista a qué línea pertenece un cómic, ya que los límites que separan una de otra muchas veces se difuminan. A pesar de los textos que nuestros colaboradores han preparado para este especial, muchas veces la labor de identificación de este dato es complicada; también es cierto que otras veces es muy sencillo. Antoni Guiral ya nos ha hecho una primera aproximación al tema en su texto. No pretendemos el establecimiento de una norma de obligado cumplimiento ni que sea eficaz en cualquier situación ya que en todo caso, cuando surja la duda, lo mejor siempre es aplicar la lógica y, si acaso persiste, es conveniente buscar información fiable que nos permita resolver el problema. Todo ello dependerá siempre de la naturaleza y del tipo de obra con la que trabajemos de forma concreta.
A lo largo de los diferentes textos publicados en este especial hemos visto las características básicas de las diferentes escuelas o líneas de publicación, cada una de ellas expuestas por un experto en el tema: el cómic europeo, el español, el portugués, el manga y las dos caras del cómic publicado en Estados Unidos, junto con una mirada a sus clásicos, que no dejan de serlo también del resto del mundo, pero cuyo concepto también es aplicable a cada una de las líneas por separado, las cuales tienen sus propios clásicos.
Así pues, básicamente jugamos con 5 valores principales. Veámoslos ahora de forma detallada:
Si tuviéramos que buscar un origen al cómic, tal y como lo entendemos hoy día, habría que buscarlo sin ninguna duda, en el contexto de la publicación de periódicos y la expansión de los medios de comunicación impresos producida en Estados Unidos a finales del siglo XIX y principios del XX. En esa época y en ese lugar se fraguaron muchas de las múltiples características de la publicación de cómics que luego se exportaron al resto del mundo (y que siguieron en cada caso caminos diferentes). Sin embargo no nos engañemos, en Estados Unidos se produjo el nacimiento y desarrollo de una industria que se basaba en un medio, en una forma de narrar, y cuyos orígenes probablemente se pierden en los tiempos más remotos. Son dos cosas diferentes: industria y medio, y no deben confundirse.
Como tampoco debemos confundir el formato con el género, ni a éste con la línea. Es cierto que ese origen americano de la industria de los cómics se basó en las tiras de prensa y todo lo que vino despues (algo de lo que en su día ya hablamos en @bsysnet), pero eso no debe de llevarnos a engaño en cuanto a la búsqueda de una metodología para la identificación de las líneas. Tampoco debemos dejarnos llevar por una errónea concepción de géneros que normalmente se aplica. Hay que separar género como forma y como contenido; como semántica y como sintaxis.
Ya hemos visto en los textos de Sergio Morales y Borja Crespo que no todo el cómic que viene de Estados Unidos puede ser considerado como de superhéroes. Así pues, podríamos establecer dos valores iniciales: Superhéroes y Línea americana independiente. Aunque, como veremos ahora, en ambos casos hay que hacer sus matizaciones para aprender a distinguirlos.
Si hiciéramos una encuesta entre personas que no son aficionadas al mundo del cómic para elaborar una lista de 10 cómics norteamericanos, probablemente el 100% de las posiciones de esa lista estaría ocupada por superhéroes: desde Superman a Hulk y desde los 4 fantásticos a Spiderman. Da igual el orden, pero seguramente sería así. Sin embargo y siguiendo nuestro propósito de establecer un procedimiento lógico de cara a proponer una línea o tendencia no podemos basar nuestro criterio clasificatorio en "superhéroes" ya que en realidad estamos hablando de un género. Pero ojo, no hablamos de un género cualquiera, hablamos del único género que se ha exportado con gran éxito desde el cómic hacia otros medios, sobre todo al cine. Ya tendremos ocasion en otra edición de @bsysnet para hablar sobre los géneros y cómo tenerlos en cuenta en la catalogación. Centrándonos en nuestro tema actual, hemos de buscar un concepto lo más genérico posible que nos ayude a clasificar de la mejor forma esa parte de la publicación de cómics procedentes de EE.UU, y del mundo anglosajón en general, y que constituye la mayor parte tanto de la producción y como de la preferencia de los aficionados.
Y el concepto que estamos buscando es lo que se conoce como mainstream. Podríamos aplicar este término (que no nos lo hemos inventado nosotros ni mucho menos) a toda aquella producción de cómics que son los que más se venden y que por lo general son superhéroes, editados sobre todo por las 2 grandes editoriales: DC y Marvel. Aplicando un simil cinemátográfico sería comparable a lo que se conoce como "cine de Hollywood", al producido por las grandes compañías: en realidad podemos encontrar películas de este tipo que tratan sobre cualquier género pero que mantienen todas ellas unas características pecualiares: actores de renombre, grandes presupuestos, gran despliegue de efectos especiales; pues bien, lo mismo se puede decir del mainstream, salvando las distancias, por supuesto.
Esto no quiere decir que todo el mainstream sea de superhéroes, ni que todo lo producido por las grandes majors sea considerado como mainstream. Por ejemplo nos encontramos con obras como La cosa del pantano, Conan o Hellboy que, aún no siendo de superhéroes, puede ser considerado mainstream. En el lado contrario nos encontramos con, por ejemplo, 100 balas, o Predicador producidas dentro de la línea Vertigo de DC que, aunque han sido un gran éxito de ventas, por la concepción de la obra se podría incluir perfectamente dentro de la línea independiente.
Al igual que en el caso anterior, las nociones comentadas en este punto pueden ser aplicadas a todo el mercado anglosajón, no solamente a los cómics de origen estadounidense. En este caso, las obras clasificadas bajo este criterio presentan unas características peculiares, pero casi podríamos decir que el autor cobra mas importancia que la compañia que las produce, dejándole más libertad creativa. Su concepción, desarrollo, géneros tratados y formatos de publicación se encuentra más cercano a lo que conocemos como comic europeo. Lo habitual es que la publicación de estas obras se encuentre en manos de "pequeñas" editoriales, siendo probablemente Fantagraphics la principal productora de este material.
Como podemos observar hay dos grupos en donde poder englobar estas obras y que podríamos denominar ya de forma definitiva como:
De cualquier forma, hemos de advertir que los límites entre ambos no están del todo claros y existen obras que pueden ser clasificados bajo uno u otro criterio. En estas situaciones, se deja en manos del bibliotecario, y dependiendo de las características del fondo disponible, la elección de cualquiera de esos dos valores, siempre y cuando se haga con cierta lógica, evidentemente.
Los cómics de la prensa estadounidense de principios del siglo XX se convirtieron en el verdadero caldo de cultivo de lo que hoy conocemos como cómic, sin lugar a dudas. Desde la publicación de tiras diarias hasta los famosos e importantísimos suplementos dominicales (formatos que aún hoy día perduran en todo el mundo), nombres como Hal Foster, Chester Gould, Alex Raymond o E. C. Segar crearon obras que permanecen en el sustrato de la cultura popular y de la que el cómic es, probablemente junto con el cine, el máximo exponente: Principe Valiente, Dick Tracy, Flash Gordon, Popeye, etc. Aunque hubo otros pioneros cuyos nombres no son tan conocidos para el "no aficionado" pero que fueron igualmente importantes: Richard Fenton Outcault (Yellow Kid), George Herriman (Krazy Kat), Winsor MacCay (Little Nemo in Slumberland), Milton Caniff (Terry y los piratas), etc., la lista sería casi interminable. En ocasiones esa visión del personaje que todos tenemos en mente se encuentra distorsionada por elementos ajenos al cómic que actúan como tamiz, como la versión edulcorada que tenemos de Popeye y muchas veces nos llevamos sorpresas al leer la obra original.
Tal y como hemos visto en el texto de nuestro colaborador Rodrigo Baeza estas obras de pincipios del siglo XX, tienen una particularidad e idiosincrasia particular y su influencia se expandió por todo el mundo. Por esta razón, ocupan un lugar privilegiado en la historia mundial del medio y por lo tanto es un dato a tener en cuenta en su clasificación dentro de un catálogo de biblioteca, sobre todo cuando se busca cierta especialización. Por otra parte, en lo que respecta a la publicación de estas obras en España, en los últimos tiempos la editorial Planeta deAgostini esta llevando a cabo una labor bastante importante de recuperación de estos clásicos para nuestro mercado.
Así pues, ya tenemos un tercer valor para nuestra clasificación:
Sin embargo, y como es lógico, cada una de las líneas que estamos intentando definir tendrá su apartado correspondiente dedicado a los clásicos, aunque como veremos más adelante se aplicarán de una forma distinta a los clásicos de la prensa americana.
Jesús Castillo Vidal